Cerca de casa hay un terreno donde mi perra y yo vamos a hacer nuestras necesidades: ella fisiológicas y yo espirituales. El terreno es un auténtico desastre: la naturaleza convive con una caja de plástico rota, de las de payés de poner las frutas, un trozo enorme de tubo coarrugado, cientos de excrementos, desechos de jardinería, etc. Siguiendo el estrecho camino creado por el paso de las personas, se llega a un pequeño y precario bosque de encinas. El suelo está lleno de hojas y restos de film de plástico negro que el payés utiliza para sus labranzas, más excrementos de perro, en diversas fases; algunos más frescos y recientes que otros. Alguno con moho blanco recubriéndolo.
Al final, un campo de cultivo, que según la temporada, está en barbecho o, como ahora, en fase de cultivo. No sé qué se está cultivando, pero he seguido el proceso a diario, primero de labranza, luego de colocación del mencionado film de plástico negro, la incorporación de unos puentes de varilla metálica, parecidos a lo que emplean en el cricket, pero más grandes. Luego una malla, y finalmente, unos brotes vegetales para mí desconocidos.
Todo esto viene a que ayer, en nuestro proceso de esparcimiento (de mi perra y mío), y durante mis cavilaciones mirando al infinito (ese estado en que parece que a uno le falte un hervor) vi a dos palomas que deambulaban unos pasos mals allá, con sus cosas. Y me sorprendió que ante mi presencia no levantaran el vuelo. Me las quedé mirando y les hice un par de fotos con el móvil, evitando hacer movimientos bruscos. Me llamaron la atención sus rasgos tan característicos: un pico anaranjado rodeado, al igual que el cuello, de un collar blanco, el pecho marrón rojizo y el resto del cuerpo gris. Una gama de colores preciosos. Nada que ver con las palomas que conocemos, como las de la Plaza de Catalunya de Barcelona.
En ningún momento me dejaron de vigilar, con esos ojos laterales con los que no pierden detalle. No se si eran macho y hembra o del mismo sexo (nunca se me ha dado bien bien sexar palomas, y menos a distancia). Seguro que en YouTube hay algún tutorial.
En la zona donde vivo hay una colonia de estos animales. Ahora mismo, por ejemplo, mientras escribo estas lineas, escucho sus arrullos, como un mantra salvaje. A veces se oye como se posan en la antena de televisión, produciendo un sonido metálico de sus patas.
Tienen un repertorio de unos tres sonidos que yo haya sabido percibir, a cual más peculiar y todos de significado desconocido para mi. Algún ornitólogo que lea esto podria decir algo al respecto. O seguro que hay algún tutorial en YouTube con el que interpretar la gama de sonidos de las palomas.
Continué mi camino, y sin perderme de vista continuaron con sus movidas.
En nuestro proceso fisiológico diario, curiosamente hoy también estaban, pero dentro de nuestro trayecto, y con los movimientos de mi perra han levantado rápidamente el vuelo.
Creo que estas palomas han nacido con el confinamiento, y han crecido confiadas. El otro día estaba sentado en la entrada de casa, se acercó una paloma hasta el bebedero de mi perra y se puso a beber sin que mi presencia pareciera incomodarla. Creo que mi perra tiene algún tipo de pacto con la fauna local, ya que el otro día mi hija encontró a una ardilla deambulando por delante de casa.
Este tipo de cosas, además de la tranquilidad que ha representado el confinamiento por el COVID19, han mejorado este mundo. Por lo menos el mío.




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